miércoles, septiembre 06, 2006

Esta Postal y relato lo tome de una pagina web, me parecio interesante y decidi subirlo.
La chicha irlandesa
Por Miguel Laborde
Osorno iba a ser la ciudad más moderna de América Latina, cuando la refundaron. Se trajeron técnicos de Europa para que tuviera fábricas, y se estudiaron caminos que la comunicaran con Argentina para que así sus productos también se exportaran por el Atlántico. Hasta México irían los barcos cargados.
Lo que nadie adivinó es que los chilenos no soportarían levantarse todos los días a la misma hora, con sol o con lluvia, para estar encerrados en un galpón durante largas horas, haciendo siempre lo mismo como autómatas. Se empezaron a arrancar de Osorno. Los europeos, casi todos irlandeses, quedaron dueños del lugar. Pero ya no estaban solos; a varias chilenas les gustaron esos técnicos rubios, tan modernos e industriales.Nadie adivinó, tampoco, que esos expertos se iban a chilenizar. Acostumbrados a una vida dura, al trabajo sin descanso, aquí descubrieron, en un bellísimo paisaje de anchos ríos, lagos, termas de aguas calientes, enormes bosques, volcanes nevados, que su vida podía ser diferente. Se comenzaron a relajar. Y los productos del alambique de alcohol, que nunca llegaron a México, comenzaron a ser consumidos, cada vez más, por los propios fabricantes. Un gusto que los irlandeses ya tenían como tradición.¿Quién tuvo la culpa? El de la idea fue Ambrosio O'Higgins. Como no había interesados en irse al lluvioso sur, tan lejos de todo, más allá incluso de la Araucanía que era "tierra de indios", se llevó a la fuerza a los jóvenes vagos y ociosos de Santiago. No fue un buen comienzo. Si no trabajaban en la capital, donde las costumbres eran mucho más suaves, menos lo iban a hacer con horario fijo en un taller industrial.También debió imaginar que los irlandeses, que sí tenían una formación industriosa, se iban a relajar al encontrar un ambiente más benigno. Y que se iban a deprimir tan lejos de su patria, aislados, en una aldea perdida en el sur de América.Pero es una historia con nobleza. En pleno siglo XVIII, Don Ambrosio trató de crear una ciudad con europeos, criollos e indios conviviendo en paz y aprendiendo a organizar una economía productiva con molinos de harina y chicha, tallers de hilados y curtiembre; es un sueño que influyó mucho en su hijo Bernardo, quien tendría un interés en lo industrial y un trato deferente con los indígenas a los que siempre atendió cuando fue gobernante.Don Ambrosio también le dejó una sensibilidad histórica a don Bernardo, porque se dio el trabajo de explorar la zona hasta encontrar las huellas de la Osorno antigua del siglo XVI, la destruida por los indígenas y que se había tragado la selva fría, para refundarla exactamente en el mismo lugar. Enorme fue su alegría cuando se encontró la viaja pila bautismal, de piedra cancagua, toda una actitud que hace de Ambrosio O'Higgins un padre del patrimonio cultural en Chile.Por otra parte, el brazo derecho en este proyecto de don Ambrosio, el también irlandés John Mackenna, el que estuvo más de diez años a la cabeza de Osorno, fue el abuelo de Benjamín Vicuña Mackenna. Estudiando su historia, escribiendo su biografía, don Benjamín se interesó en eso de hacer ciudad; así se comenzó a preparar, sin saberlo, para ser el mejor Intendente que tuvo Santiago en el siglo XIX. El general Mackenna le dejó un modelo, al escribir que mucho más que de sus hazañas bélicas o cargos políticos, "siempre hablaré con orgullo del trigo y de las patatas, del queso y la mantequilla que supe producir en las soledades de Osorno." Así podemos entender a un Vicuña Mackenna que no fue un político tradicional sino un dinámico constructor de calles, paseos y canales de regadío: obras concretas.Así, dos personalidades chilenas mayores del siglo XIX, Bernardo O'Higgins y Benjamín Vicuña Mackenna, fueron inspirados por el sueño de esta ciudad del sur.A comienzos de la república un terremoto destruyó la Osorno irlandesa y comenzó otra historia, derivada de la inmigración alemana. Todo fue olvidado. hasta que en 1963, un gran arquitecto descendiente de alemanes, Carlos Buschmann Zwanzger, quien recibirá el Premio Nacional de la especialidad por sus obras en esta zona, comienza a reconstruir el Fuerte Reina María Luisa, del que se había salvado uno de los muros originales, el que da al río Rahue.Este gran fuerte, con puente levadizo y profundo foso, había sido la primera iniciativa de Ambrosio O'Higgins, quien durmió en él muchas veces y también fue residencia de Mackenna en sus años de gobernador. Cuando se inauguró la reconstrucción, en 1977, Osorno recuperó sus profundas raíces que, gracias al irlandés, se remontan al siglo XVI.Cuando don Ambrosio fue designado virrey, y debió partir a Lima, obtuvo la concesión del título de Marqués de Osorno y mantuvo el control del lugar como un feudo, siempre preocupado de su destino; de él dependió el lugar y no de Santiago, hasta su muerte. Al caminar por el fuerte uno se encuentra con su espíritu, más que en ningún otro lugar de Chile. Aquí, junto a estos dos ríos de Osorno, hubo un irlandés que soñó una ciudad culta, sin discriminaciones raciales, productiva. Le dejó a esta ciudad, para siempre, una vocación.

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